viernes, 16 de junio de 2017

Más matemáticas y pop aragonés: los naturales y los números grandes

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Después de la primera entrega que escuchamos hace unas semanas en los programas posteriores hemos dedicado a distintos aspectos/números y profundizado en la relación entre la matemática y el pop aragonés. Disfruten:

Del 0 al 3

Del 4 al 6

Del 7 al 10

Pasando de la decena hasta el infinito

Bola extra: Física y química en el pop aragonés

martes, 13 de junio de 2017

Exposición de Calavera (Mont Ventoux, 17)


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Un sonido pulcro, una luminosidad contenida entre las manos, Calavera destila su sonido una y otra vez, en un alambique sonoro donde tienen cabida instrumentos orgánicos y sintéticos, mezclados con gusto y complacencia. Es su primer LP, su primera grande. 

El trabajo en las voces, desde lo minimal y robótico como en Esqueleto pasando por la luz incidente de Cielo nocturno, es un notable, añadido a los ambientes sin grumos, intensidades que hablan de cuerdas, cuerdas que llevan a la cima. A veces se manejan en ecos que devuelven a los Spinetta Jade, otras veces los sintetizadores levemente crapulosos de temas como Tres funcionan en los paisajes oníricos donde transitaba la Dama se esconde, en Sobre todas las cosas se acercan al esquematismo lírico y la celebración de los espacios de los Kiev cuando nieva en una sorprendente revisión de lo confesional.

Y de pronto cuando uno no sabía qué esperar, las percusiones imposibles con la que se desgarra Tras el cristal, nos devuelve la intensidad llameante y mutada de los Standstill de La risa funesta.
La fuerza de las cajas de ritmo que sostienen Museo, abrazan la dulzura para eliminar lo opaco de cada corazón, en un tema que expande lírica y melodía en un bucle, una cinta de Möbius, una vuelta a los años de cassettes de Sebadoh

Un tema como Miranda, con un punto fabulador, atenaza en el bajo y sigue con el buen gusto en las programaciones para terminar siendo el mejor momento del LP, un LP con canciones notables por otro lado.


En Calavera uno encuentra manchas sonoras que se adentran en tu mente, avanzan en el sistema vegetativo y terminan dirigiendo cada una de tus sinapsis. Así La vuelta a casa es un broche de hermetismo calculado que termina llevándote de nuevo al comienzo. Lógica preposicional, no propone, sitúa, para esta maravilla de lo refinado.  

domingo, 4 de junio de 2017

Crónica Gabriel Sopeña en Las Armas (4 de junio de 2017)

Resultado de imagen de gabriel sopeña directoGabriel Sopeña volvía a los escenarios aragoneses con banda eléctrica en la presentación de su primer material en solitario desde hace casi tres décadas. Las Armas, un lugar perfecto para la propuesta de poeta electrificado que es Sangre Sierra, lucía sus mejores galas en una noche de azules y negros.



La banda solvente, las guitarras poderosas, como siempre Jorge Gascón efectivo y curtido y una sección rítmica que acompaña a los mitos de nuestra región de manera regular: Mata&Fletes. Extrañé quizá una mayor presencia del hammond, de un órgano fronterizo pero fue la guitarra la protagonista, la guitarra y la voz de Sopeña que ha ganado en matices y crece con la madurez de un Neil Diamond renacido. Por sentir, Esta voz (cercano al crooner que nunca fue, al confesor espiritual de los grandes, Cohen o Trenet) y Como antorchas, para repasar el sobresaliente Sangre Sierra, un disco heterogéneo y que fue la columna vertebral del concierto del sábado. Pinchando el arpegio con Cass, solo, sin más, enamorando mil veces a su ciudad con Ella conducía un Chevy Rojo.

La belleza que inunda el escenario cuando Gabriel vuelve a Lisboa, la rabia de los versos que se mastican, Muñoz Molina y Jose Alfonso. Más Brel que Brel en la recuperación de Con elegancia, de aquel hermoso segundo disco de poetas. La incursión en el repertorio menos conocido de los Mas Birras llegó con Promesas rotas, con un arreglo de sabor cubano donde la mano de Ludmila Merceron y la poderosa El hombre del tambor, donde el espíritu de San Shepard sobrevolaba una interpretación rotunda.

Sopeña, de paleta plena, es capaz de agarrar la armónica y la acústica y como un Woody Guthrie postmoderno estremecernos con Un acto de fe, quizá el momento cumbre del concierto.
o llevarnos a un éxtasis filial con El brillo del volcán (la última de las grandes canciones de Sopeña, a la espera de la siguiente remesa).


El cierre con Apuesta por el rock and roll, un tema nutritivo, un tema inevitable. Sopeña de blanco y pulido, de acústica y elegancia. Poco más que decir. Sombrero y Dharma. El panteón está completo.